jueves, 17 de agosto de 2023

Chago: La Memoria del Campesino Castillense Asesinado en 1974". "El 17 de Agosto de 1974

 




Por Diomedes Reyes, y José Emilio Reyes (Enidio)

El teniente Polanco, el sargento Tavárez, un cabo denominado Esteban, un raso llamado Burende y otro El Pinto…constituían una patrulla del servicio secreto de la Policía Nacional, el 17 de agosto de 1974.

Me repugna escribir estos nombres, pero hay que mencionarlos para que queden en la historia como lo que son: asesinos.

Algunos estarán muertos, otros tal vez queden vivos. Pero, vivos o muertos, si creen en Dios, arderán para la eternidad en el fondo del infierno. Porque en el cristianismo quitarle la vida a un prójimo es un pecado capital.

Justamente en esta fecha, el 17 de agosto del 1974, asesinaron cruelmente a un campesino procedente de Castillo, San Francisco de Macorís: Santiago Rodríguez Paula.

A raíz de los conocidos acontecimientos de la Junta Central Electoral (JCE) en La Vega para las elecciones de 1974, Chago, como lo conocíamos comúnmente, y yo, estábamos reunidos en mi casa, en la calle 27 de febrero, Parque Hostos. El me visitó, ese día 16, para informarme que las últimas cuatro casas en las que había estado, las habían allanado.

Yo tenía una casa segura, que por las personas que Vivian ahí, la Policía Nacional no se atrevería a allanarlas. Se la ofrecí. Pero él me dijo que tenía que cumplir una tarea y de esa casa no podía entrar y salir. Le ofrecí llevarlo a Santiago al instante, yo tenía una camioneta muy respetada pues era de mi trabajo en Radio Santa María. Finalmente, me dijo, — lléveme a Guaco, que vamos a poner un sitio donde usted me buscará pasado mañana, a las 6.30 de la mañana.

Nos montamos en la camioneta y salimos. En Guaco había dos casas donde Chago vivió: La casa de Hermógenes Durán, el esposo de Isabelita, matrimonio amigos del partido y la de Juan Vargas. Acordamos el sitio donde yo lo buscaría el día después del 17.

Y lo llevé hasta la entrada de la casa de Juan Vargas, había una subidita desde la autopista, recuerdo que me devolví y le di un peso, única papeleta que tenía en los bolsillos. Le dije, –viejo por si pasa algo, yo voy a estar en mi casa. En esos días en el país había muchas expectativas pues estábamos alrededor de “la Jornada Nacional del Silencio”, que Peña Gómez había anunciado.

Pasó el día, y el 18 de agosto me levanté muy temprano, y me fui al sitio donde habíamos acordado encontrarnos, en el puente de Los Rincones.

La gente me veía con curiosidad, yo iba y venía sobre el puente. Unos me conocían y me saludaban de lejos, y otros me alcanzaban a ver con asombro. Me encontré extraño que Chago no estuviera. Me devolví y me fui a mi casa.

Es que la tarde anterior, ahí mismo, donde habíamos quedado en encontrarnos, la PN habían matado una persona, hecho inusual, que parece que el único que no lo sabía era yo. Más tarde de ese mismo día, se desencadenó otra historia, pues Andrómedo, un compañero extraordinario y yo, caímos presos. Pero volvamos a la muerte de Chago.

Desde el 16 en la noche la autopista amaneció ¨prendía¨. Guaco estaba florecido de jóvenes. Sólo por mencionar algunos nombres: Domingo Fernández, Chepe Vargas, Octavio Muñoz, Diomedes Reyes, Rafael Peralta, Dioni Bautista, Neris Estévez, Negro Suriel, Milcíades Reyes, Silvio Reyes, Blasina Vargas les impregnaban energía juvenil a las actividades culturales de la comunidad.

Desde el mediodía del 17 la policía ocupó la comunidad, patrullas que eran apoyados por calieses como Ricardo el de Chirí, Ángel Fernández y otros lambones que Vivian metidos en el cuartel de la PN en La Vega, amedrentaban a la gente.

Una patrulla lo ubicó en la casa de Juan Vargas, colaborador del MPD, pero él salió huyendo en dirección de La Vega, me imagino porque yo le había dicho «estaré en la casa».

Unos campesinos le cayeron a pedrada, Rivier Reyes y Ton Hernández, se ufanaron después y se justificaron diciendo que era un «ladrón de vacas».

Yo escribo esta historia con detalles y menciono tantos nombres porque quisiera que la misma, 49 años después, como la de Jesús, la muerte de un campesino pobre, quede en la historia.

En el callejón de Don Caraballo ya no tenía más fuerzas y lo atraparon. Lo sacaron a la carretera dándole palos. Lo pateaban como buscando aplastar sus ideas. Esta parte no puedo narrarla.

Después llegó una patrulla comandada por el teniente Polanco, una compasiva mujer llamada Rosa le dio agua, el policía llamado Esteban Cepeda daba muestras de guapetón dándole más golpes, lo tiraron en la camioneta y cayó en brazos de los compañeros que llevaban allí presos: Juan Vargas, Milcíades Reyes Y Diomedes Reyes. A poco andar, frente a la escuela de los Rincones, en Guaco, murió.

A mí casa fue Fortunita, un compañero muy militante a darme la noticia. Y me tocó ir a Castillo a llevar la noticia. Cuando llegué a la casa, su esposa, estaba parada en la mesa del comedor bañando un niño pequeñito en un baño de aluminio. Le di la noticia y me despedí dejando aquel rostro destruido.

Ese niño y a Reyes su hijo más grande, jamás los volví a ver. Sólo su ejemplo nos ha acompañado por este largo trayecto de la vida.

Nota del editor: Santiago Rodríguez Paula fue un líder campesino, dirigente del Movimiento Popular Dominicano (MPD), dato que los autores omiten en este artículo; pero por su importancia histórica lo publicamos.